Abstract:
Durante las décadas de los 70 y 80 el mundo observó el surgimiento y consolidación de la Escuela de Chicago, liderada por Milton Friedman, quien argumentó que la única responsabilidad social de las empresas era obtener los mayores beneficios respetando el marco legal vigente y dando cumplimiento de los criterios éticos para no incurrir en engaño. Esta tesis tenía de trasfondo, para los directivos, la responsabilidad de evitar acciones o situaciones que impidieran un incremento del valor de la empresa a largo plazo. Esta fue una época en la que se les exigió a las empresas que solo fueran rentables y generaran utilidades para evitar convertirse en una “carga para la sociedad”. Es decir, la rentabilidad y generación de utilidades eran señaladas como la responsabilidad social de las empresas. Ahora bien, hoy en día los empresarios del mundo globalizado han entendido que las responsabilidades empresariales van más allá del simple cumplimiento de la ley, la maximización del retorno de la inversión de los accionistas o de la puesta en marcha de prácticas filantrópicas; es decir, cada vez más aumenta la tendencia a favor de que las empresas desempeñen un papel fundamental de cambio y desarrollo en la sociedad. No puede negarse que la sociedad hoy en día reclama y requiere de empresas capaces de reconocer que sus operaciones impactan los entornos humanos y ambientales en las que actúan, y que en la gestión de esos impactos recae su responsabilidad social para minimizar sus costos y los posibles riesgos.